«Alfanhuí», en días como hoy

La primera edición de la obra (1951), junto a una de las más recientes (2016).

La primera edición de la obra (1951), junto a una de las más recientes (2016).

En un día como hoy, el 13 de diciembre de 1950, firmaba Rafael Sánchez Ferlosio el final de su primera obra literaria: Industrias y andanzas de Alfanhuí, publicada al año siguiente.

Una de las más humildes ediciones de la novela, la incluida en 1970 dentro de la colección Biblioteca Básica Salvat, tiene prologuista de lujo: Juan Benet, a cuya ausencia se ha referido Ferlosio en alguna de las entrevistas aparecidas últimamente, realizadas al hilo de su nonagésimo cumpleaños.

«Para mí que se trata de un relato autiobiográfico, escrito en el penúltimo instante, antes de que el chico se perdiera para siempre vista. (…) Por la fecha que lleva al pie de su última página, infiero que la reminiscencia —porque no creo que sea otra cosa— fue escrita en la época en que yo conocí a Ferlosio (…), en el sofá de un café y mirando sin demasiado entusiasmo al techo. Me temo que debía de estar bastante concentrado en Alfanhuí…», decía Benet en la mencionada nota introductoria a aquella popular edición de los años setenta. La primera que yo leí.

Ferlosio, cuya extensa obra ensayística ha sido reunida y reeditada con esmero en fechas recientes, suele expresar rechazo público y vehemente hacia su novela más conocida, El Jarama —Premio Nadal en 1955— pero siempre pone a salvo a Alfanhuí.

Los libros, al final, pertenecen más a los lectores que a quienes los escriben y yo me encuentro entre quienes guardan el mejor recuerdo de El Jarama, a pesar de la condena a la que le ha sometido su autor.

Con las peripecias y la magia de Alfanhuí, muy bien reeditada en 2016 por Random House, he vuelto a disfrutar estos días. Y hasta he comprobado que aún pueden encontrarse en librerías de viejo algunos ejemplares —pocos ya— de la primera edición. Fue publicada personalmente por Ferlosio —con el patrocinio familiar— e impresa en los Talleres Gráficos Cíes de Madrid en 1951.

Otra buena noticia, en este 13 de diciembre de la efeméride, es que en los próximos días, —creo que esta misma semana— aparecerá la prometedora biografía El incógnito Rafael Sánchez Ferlosio, escrita por el periodista J. Benito Fernández, antiguo compañero en Televisión Española. Una buena ocasión para reencontrarse con la vida y la obra del creador de Alfanhuí.

Decíamos ayer…

Cátedra de fray Luis de León en Salamanca.

Cátedra de fray Luis de León en Salamanca.

Las citas las carga el diablo. Que se lo digan a Gabriel Rufián, que no volverá a usar el nombre de Galileo en vano. ¿O sí?

Nadie parece haber documentado con fiabilidad el trillado «decíamos ayer…» de fray Luis de León, pero, llegados hasta aquí, no dejemos que la realidad nos estropee una ocurrencia verosímil convertida en frase para turistas.

Puede que fray Luis nunca la pronunciara así, pero pensemos en todos los que la han usado desde entonces con parecidas intenciones. Y en los que han estado tentados a lanzarla al auditorio: le pasó a Madariaga cuando ingresó en la RAE (1976) tras su largo exilio.

Universidad de Salamanca

Universidad de Salamanca

Hasta la Universidad de Salamanca la ha incorporado como lema de sus ochocientos años de historia, que se cumplen en 2018: «Decíamos ayer, diremos mañana».

Cuestión de fe: sirve para que los incrédulos nos acerquemos con reverencia a la cátedra salmantina de fray Luis y oigamos sin rechistar el supuesto inicio de su lección tras el paso por la cárcel, obra y gracia de la Inquisición: «Como decíamos ayer…».

Lo demás es literatura. O falta de imaginación.

Nosotros, que somos los de entonces…

Suplemento cultural del diario «Asturias»

Suplemento cultural del diario «Asturias»

Tengo el cansancio anticipado de cuanto no encontraré / y la nostalgia que siento no es del pasado ni del futuro.

Fernando Pessoa

«Nosotros somos hombres del mañana», decían Tip y Coll a finales de los años setenta en una de sus geniales intervenciones en Televisión Española. La frase, junto con algún otro gag, ha sido recuperada ahora en una nueva emisión, la correspondiente a 1979, de ¿Dónde estabas entonces?, un excelente espacio presentado por Ana Pastor en La Sexta.

Contrasta este deseo de futuro de los dos humoristas con otros testimonios ofrecidos en el programa, espejo de una España que estrenaba libertad pero vivía aún muy alejada de las prácticas democráticas. Estremece recordar, por ejemplo, la marginación social y política —aquella izquierda dogmática… tan culpable como la derecha— de los homosexuales, a la que está dedicada la primera parte de la emisión. Hay declaraciones desgarradoras.

Entonces, en 1979, yo tenía 22 años y me encargaba de la información política en un periódico surgido al calor de la Transición, el Asturias, del que ya escribí en este blog en otras ocasiones. Casi todos los episodios rescatados ayer por Ana Pastor —desde la revolución de Jomeini hasta la renuncia del PSOE al marxismo o el atentado de los GRAPO— tuvieron eco en las páginas de aquel diario progresista, dirigido primero por Graciano García y después por Melchor Fernández Díaz, dos maestros del oficio.

La experiencia fue efímera, apenas un año. Antes del cierre y del silencio de la rotativa, los redactores nos lanzamos a pedir firmas de solidaridad para retrasar un final inevitable. Guardo en mi memoria un apoyo muy especial, inesperado para mí si tenemos en cuenta la época y la orientación editorial del diario. Era el 8 de septiembre de 1979, en Covadonga, cuando le pedí ayuda al entonces arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán. El prelado no lo dudó ni un momento y no solo estampó su nombre en el escrito sino que me trasladó elogios verbales sobre la calidad y los contenidos del periódico. Nunca lo he olvidado.

La vida y la historia son una sucesión de coincidencias. Esta misma semana, don Gabino, que en la actualidad tiene 91 años y es arzobispo emérito de Asturias, ha presentado un libro que, según leo en La Nueva España, refleja distintos episodios de su larga vida eclesiástica. No son sus memorias, pero sí parte de sus recuerdos, a los que añado mi humilde testimonio de gratitud por un gesto simbólico que en aquellos momentos tenía gran valor.

Nosotros, que somos los de entonces de Loquillo —Memoria de jóvenes airados—, formábamos parte de aquella España de luces y esperanzas retratada anoche por La Sexta. Y aquí seguimos, «cautivos, en reinos conquistados / donde habitan los silencios».