Aquellas primaveras

Manuscrito de Álvaro Cunqueiro conservado en la Fundación Penzol de Vigo.

Manuscrito de Álvaro Cunqueiro conservado en la Fundación Penzol de Vigo.

Le he dado muchas vueltas todo el día a la conveniencia de escribir hoy, en este viernes aciago y gris, unas líneas sobre el inicio de la primavera.

El comienzo de la estación que despide al invierno ha sido un socorrido recurso de poetas y grandes almacenes hasta hace nada: hasta que llegó el coronavirus con su tragedia y acabó de un plumazo con el orden mundial y la tradición literaria.

Pese a todo, hoy, al amanecer, había cierta animación entre la pajarería de los jardines que veo desde la ventana, pero ni siquiera eso me animó. Dejo constancia del momento, como un alivio, en estos catorce segundos de grabación.

Más tarde, tras el desayuno, sí que me pareció oportuno recordar el poema dedicado por César Morán Fraga a Álvaro Cunqueiro: «Haberá primavera», que da título al excelente libro-disco que publicó en 2011. Y lo puse en Facebook y en Twitter. Vi después que el Telediario de TVE cerraba con imágenes de pétalos multicolor y la canción de Joaquín Sabina. Un paréntesis floral en medio del dolor.

A esta hora, entre lusco e fusco,  hago un último esfuerzo por hilvanar unos párrafos mientras me golpean las estadísticas mortales del Covid-19, tanto las más cercanas como las de la próxima Italia, que asustan y encogen el ánimo y quitan el aliento. Cunqueiro, que tanto amó el Renacimiento italiano y a sus artistas, disfrutaba muy especialmente del inicio de la primavera, del brote de las flores en los huertos de Mondoñedo y del primer canto del cuco en el bosque de Silva. Cuando preparaba mi antología periodística sobre don Álvaro siempre supe que el capítulo final, «Al pasar de los años», iba a empezar con un artículo publicado el 9 de marzo de 1952 en La Voz de Galicia: «Introducción a la primavera». Por eso me alegré mucho cuando, en julio del año pasado, encontré en la Fundación Penzol de Vigo el fragmento manuscrito que encabeza estas líneas: es el comienzo de su columna, publicada bajo el epígrafe «De mi país». Lo he he vuelto a releer esta tarde:

Introducción primavera

Artículo de la antología periodística «Al pasar de los años», dedicada a Cunqueiro.

«… la primavera es invención de los trovadores, tanto de los provenzales como de los nuestros», escribe Cunqueiro antes de pararse a escuchar los trinos de un mirlo que revolotea por una parra cercana: «Quizás este mirlo primaveral es un pobre escolar de Leyde, discípulo suyo, que caminó como Goethe a Italia, a ver florecer el limonero, él a Galicia a ver, rosae rosarum, pejigos florecidos el día en que llegó la primavera».

La primavera de 2020 será mejor que pase de largo porque llega con mal pie y nos hace dudar de casi todo, hasta de la pertinencia de darle, o no, la bienvenida. Su habitual anticipo de esperanza y vida nueva es hoy un paisaje silencioso, más oscuro aún que las negras sombras de Rosalía de Castro. Volverán, han de volver, aquellas primaveras azules en las que Cunqueiro se conformaba con atender el canto del cuco en las alegres mañanas de Mondoñedo: «Hoy me he contentado solo con oírlo».

 

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