Miseria y esplendor de la India*

«Los turistas vienen a España a ver toros y toreros, a embriagarse de sol, pero a la India van a ojear la famosa miseria de la India. (…) La India merece el amor y el respeto del mundo».

Carlos Luis Álvarez, Cándido, 1965.

Cualquier crónica sobre la situación que vive actualmente la India a causa de la pandemia originada por el coronavirus pone los pelos de punta. Las estadísticas, por lo general frías y engañosas, se quedan en nada cuando se contemplan esas piras funerarias improvisadas en medio del caos. Recibimos un aluvión de noticias y posibles explicaciones a tantos interrogantes —¿por qué ahora y no al inicio de la tragedia?—; vemos imágenes de las primeras ayudas internacionales y escuchamos promesas de nuevos auxilios, pero la catástrofe avanza por cuenta propia en aquel país de mil cuatrocientos millones de almas. La magnitud de los datos parece una pesadilla: diecisiete millones de casos, cerca de doscientos mil muertos y más de tres mil fallecidos a diario, según los últimos «balances». Un desastre y un fracaso.

Dos libros de Carlos Luis Álvarez, Cándido.

«Este es un pueblo cuya esperanza no tiene orillas», dice Carlos Luis Álvarez, el gran Cándido, en Miseria y esplendor de la India. Lo que yo he visto (1965), libro publicado tras viajar a la Bombay y otras ciudades, como enviado especial del diario ABC, para cubrir el viaje que hizo a aquel país el papa Pablo VI en 1964. Cándido (1928-2006), uno de los más brillantes articulistas de la prensa española de la segunda mitad del siglo XX —ABC, Pueblo, Índice, Hermano lobo, Tiempo— regresó marcado por aquella experiencia, reflejada con su prosa exquisita y cortante en las crónicas publicadas en el periódico: «Quiero decir también que el viaje me dejó el rastro de un nuevo género de ternura».

Cándido, que practicaba también un humor fino, muy ovetense, dejó contada su vida en varios libros de memorias. Creo que el mejor es el primero: Un periodista en la dictadura (1976). Ayer, mientras hilvanaba unas líneas sobre Wenceslao Fernández Flórez, recordé lo que recoge en una de esas obras, Memorias prohibidas (1995), cuando Carlos Luis iba a visitar a don Wences, ya al final de la vida del autor de Volvoreta, a su casa madrileña de Alberto Aguilera. Allí ambos se intercambiaban algunas historias delirantes sobre la actuación de la censura franquista.

Cándido publicó varios libros de memorias.

En el libro de Cándido sobre la India hay un capítulo delicioso, «That is the question», en el que Carlos Luis describe una visita inesperada del cardenal Montini, Pablo VI, al Club de Prensa de Bombay. Cándido dedica este apartado a los colegas españoles que le acompañaban en el viaje —Carlos Sentís, Vicente Cebrián, Leocadio Machado, Martín Descalzo, Rafael Salazar— «porque vosotros y yo —nos dijo Pablo VI— hemos venido aquí a trabajar». El pontífice, hijo de periodista, añadió algo que, en estos tiempos —también en aquellos— suena a música celestial, con perdón: «Os pido únicamente que, en cualquier sitio que estéis, y sea cual fuere la circunstancia de vuestra vida, sirváis por encima de todo a la verdad: That is de question».

Hace unos días, un youtuber español de cuyo nombre no quiero acordarme, comentaba que los gurús de este canal —él mismo— son los nuevos comunicadores de esta era. Según él, los medios tradicionales se han quedado obsoletos y los actuales periodistas son, somos, «unos mercenarios». Esta misma afirmación, proclamar que el periodista es un mercenario salvo que tenga la suerte de coincidir con los intereses de su empresa, se la escuché a Cándido en 1976. La diferencia estriba en que Carlos Luis Álvarez era un ilustrado con mucho bagaje libresco y cientos de horas de vuelo y el youtuber me pareció un adanista con poca experiencia y miles de seguidores, que hablaba ex cátedra. Una misma conclusión no supone necesariamente coincidencia de ideas. No todos los mercenarios son iguales. Cuanto más se vive más se duda y menos se pontifica, salvo excepciones. Cándido asumió que la India resultaba, y resulta, inabarcable e incomprensible ante los ojos miopes de un europeo: «Mi viaje por la India ha sido un dramático tanteo en busca de la India». Tal vez nuestra existencia no sea más que eso: deambular entre tinieblas por un laberinto.

*Desde que publiqué estas notas, leo constantes actualizaciones que permiten conocer mejor lo que sucede en la India. Esta de la Revista 5W es una de las más completas que he visto:

https://www.revista5w.com/temas/salud/la-india-se-ahoga-32776