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Periodista.

Memoria incierta de Vilardevós

El final de «Rewind» está fechado en Vilardevós, de donde es natural Xoán Tallón.

El final de «Rewind» está fechado en Vilardevós (Ourense), de donde es natural Xoán Tallón.

La toponimia es muy puñetera. Hace unos minutos, antes de sentarme a teclear estas líneas, tuve la mala ocurrencia de discutir con un tuitero anónimo acerca de si en España ha de escribirse Pekín o Beijing, que no deja de ser una forma muy tonta de enredarse. Ni él cambió de opinión ni yo, depedé en ristre, mudé de parecer. A pesar de la inutilidad del debate, algo tendrán los nombres de pueblos y ciudades, de villas y países, cuando dan pie a encendidas disputas sobre su correcta escritura. Una b o una v de más, o de menos, nos pueden llevar al infinito. ¿Ribeira o Riveira? ¿Vilardevós, Villardevós o Vilardebós?

REBOBINADO ACCIDENTAL

Hay que admitirlo: las toponimias remueven sentimientos y pasiones, unas veces porque nos ponen ante el espejo de nuestros orígenes y otras porque nos evocan sensaciones lejanas, incluso muy remotas: nunca hemos estado en ese dichoso lugar, pero su nombre —o sus posibles variantes— nos ha quedado registrado en la memoria.

Cuando empecé a leer Rewind, la última novela de Xoán Tallón, reparé antes de nada en el lugar de nacimiento de su autor, recogido en el breve perfil biográfico de la solapa del libro: natural de Vilardevós, en la provincia de Ourense. Yo tenía noticia de Xoan Tallón, pero solo había leído —antes de Rewind— algunos artículos suyos en la prensa. También había escuchado su inconfundible voz, con esa cadencia galaica tan difícil de imitar sin caer en el ridículo, en algunos comentarios radiofónicos. No sabía, sin embargo, que era oriundo de Vilardevós y este detalle me produjo un sobresalto emotivo, un rebobinado en toda regla: sin haber pasado nunca por allí, por este concello de Ourense muy próximo a la frontera portuguesa, yo ya tenía un vago conocimiento y hasta una extraña querencia por Vilardevós, situado apenas a una quincena de kilómetros al sureste de Verín.

Mapa Vilardevós incluido en el libro de Silvio Santiago.

Mapa de Vilardevós incluido en el libro de Silvio Santiago (Editorial Galaxia, Vigo).

Hace unos meses, mientras preparaba mi antología periodística de Cunqueiro Al pasar de los años, me encontré con un artículo de don Álvaro dedicado a Vilardevós: «Un hombre con su país en la memoria», aparecido en El Noticiero Universal de Barcelona el 24 de septiembre de 1974. No incluí finalmente este texto en mi selección, pero el curioso y desocupado lector podrá encontrarlo en la magnífica edición que Xesús González Gómez publicó en Tusquets bajo el título Papeles que fueron vidas (Barcelona, 1994). Como es habitual en los textos cunqueirianos, llenos de esos deliciosos meandros escritos al estilo del obispo fray Antonio de Guevara, el artículo pasa de unos temas a otros, pero el asunto principal es dejar constancia del fallecimiento de un hijo ilustre de Vilardevós: Silvio Santiago (1903-1974), exiliado a América tras el estallido de la guerra civil y firmante de Villardevós, «el libro del país que el autor llevó en la memoria durante treinta años de peregrinación», según escribió Cunqueiro a la sazón. Hace un par de años me hice con la segunda edición de Villardevós (Galaxia, 1961), prologada por Ramón Otero Pedrayo, que forma parte de mi cunqueiroteca secundaria: obras citadas o admiradas por don Álvaro en distintos momentos de su carrera literaria.

SOBRE LA FRAGILIDAD

¿Habría alguna referencia a Vilardevós en la obra de Xoán Tallón? Empecé la lectura de Rewind —en este abril de aislamiento y cuarentena— como lo hago siempre: sin consultar antes ninguna crítica ni cotejar las inevitables entrevistas propias de la promoción literaria de un nuevo título. Sin saber ni siquiera de qué iba Rewind, tan solo con el convencimiento —derivado de algunos elogios dignos de confianza— de que sería una experiencia grata y enriquecedora. Y así fue: las historias narradas en Rewind, reflejo de las vidas de unos «jóvenes e indestructibles» estudiantes europeos —cuya existencia se ve alterada inesperada y brutalmente de la noche a la mañana—; las historias contadas en Rewind, decía, cautivan desde el inicio y se encadenan unas con otras hasta el desenlace final. No me gusta destripar los libros ni sus argumentos y estoy en contra de elaborar síntesis y resúmenes sobre su contenido. Solo añadiré que buena parte de la obra tiene por escenario la ciudad francesa de Lyon, descrita con una familiaridad y precisión que me hicieron suponer que el autor la conocía bien, lo cual solo es una verdad a medias.

Rewind —la alusión al título creo que no aparece hasta la página 144 del libro— se asemeja a un torbellino en el que, pese a la aparente velocidad narrativa, podemos distinguir y conocer bastante bien a los distintos personajes, sus idas y sus vueltas. De los jóvenes con los que se inicia el relato, y de los adultos y familiares que les rodean en distintos momentos, iremos sabiendo casi todo: sus anhelos, sus canciones y películas predilectas, sus limitaciones, su osadía, sus libros favoritos… sus secretos. Una hermosa y conmovedora crónica coral —«en multiperspectiva», en palabras de Tallón— sobre la fragilidad de la vida, escrita en 2019 e impresa un mes antes de que el coronavirus pusiera el mundo patas arriba en apenas unas semanas. Misterios de la literatura y sus premoniciones.

Después de llegar al final —al que pondría algún ligero reparo que no empaña nada de lo dicho anteriormente—, sí que he leído y escuchado deliberadamente bastantes declaraciones de Tallón. Me ha sorprendido saber que no conocía Lyon cuando empezó a escribir la novela, aunque sí visitó la ciudad antes de rematarla para hacer algunas comprobaciones e introducir ciertos cambios. También me ha congratulado descubrir, porque así lo señala expresamente el autor en Faro de Vigo, que quiso proceder como hizo Cunqueiro cuando abordó As crónicas de Sochantre: describir Bretaña —Lyon en su caso— sin haber puesto allí los pies previamente. Don Álvaro, además de su memoria deformante, se valió para completar el paisaje de mapas y de un marinero bretón conocido suyo. Tallón, de acuerdo con sus explicaciones, se sirvió del programa Street View de Google para callejear por Lyon.

SER O NO SER

Cunqueiro, muy amigo de los mapas, solía explorar otros mundos para ambientar sus creaciones literarias, pero en todos esos lugares recónditos terminaba soplando siempre el viento de Mondoñedo —ocurre en el Elsinor de su Don Hamlet— y el oleaje del mar de Foz, aunque fuera para situar en el Cantábrico las melancolías navegantes de Sinbad. En Rewind no sucede eso: no hay ecos de Galicia —o yo no he sabido oirlos— ni tiene por qué haberlos. De hecho no me volví a encontrar con Vilardevós hasta la última hoja, cuando Tallón firma el final del libro en ese lugar, el de su nacimiento en 1975, ya en la página 209 de la novela. A pesar de esa evidencia —ni rastro de Vilardevós—, cada lector tiene sus teimas, por lo general carentes de fundamento y de lógica, pero muy difíciles de erradicar. Una buena obsesión, una zuna, casi nunca parece dispuesta a que la verdad la desmienta, así que, finalizado el libro con cierta sensación de desasosiego, yo seguí con mis paralelismos, siempre caprichosos. Recordé, por ejemplo, que Xoán Tallón habla con frecuencia en la vida real, incluso en algunos tuits, de escenas cotidianas junto a su hija pequeña. De ahí, desde este tierno detalle paternal, hasta Vilardevós solo hay un paso que no figura en Google Maps, pero sí en mi cabeza lectora, muy dada a rebobinar, como algunos personajes del Rewind de Tallón. Silvio Santiago explica al comienzo de Villardevós por qué ha publicado el libro: para dar respuesta a su niña de diez años —«nacéu en América do Sur. Entende o galego, pero fala en castelán— cuando a cativa le pregunta, una y otra vez:

—Papá, ¿Tú qué eres?

Silvio tuvo muchos oficios, pero al final su hija —«é bonita, donairosa e intelixente»—, urgida por los interrogatorios de sus compañeras de colegio, los resumió en una sola ocupación profesional:

—Papá, las niñas volvieron a preguntarme hoy qué eras tú, y yo les dije que eras escritor. ¿Hice bien?

CONTRA EL OLVIDO

Silvio le respondió afirmativamente a su hija, que lo veía algunas tardes ante su máquina de escribir: el padre anotaba en Caracas su memoria de Viladerbós como un salvavidas contra el olvido y la morriña. Un par de años después de la muerte de Silvio, en 1976, apareció otro libro suyo, una suerte de apuntes del destierro, del éxodo de Silvio Santiago desde Galicia a Portugal y de allí a América: O silencio redimido. Pero esa es otra historia y aquí, aunque no lo parezca, hemos venido a hablar de Rewind, novela muy recomendable para entender mejor la fugacidad —y la alegría— de la existencia humana tal como es o al menos tal como era antes del coronavirus. Nadie se arriesga a vaticinar ahora cómo discurrirá el calendario porque todos permanecemos inmersos en la incertidumbre y en la incredulidad, en un paréntesis que no sabemos cómo ni cuándo se cerrará.

Aunque no estemos en tiempos propicios para hacer planes, yo sí tengo alguno a corto plazo. Además del propósito de parar algún día en Vilardevós, para seguir las huellas de Silvio Santiago y del Manoliño de su libro, voy adentrarme en otros textos de Tallón, por el momento en formato electrónico, como corresponde a esta época de confinación. Empezaré por Libros peligrosos (2014). Saber qué piensan los autores de sus correligionarios, y de sus frutos literarios, es una curiosidad que mantengo intacta. Con Cunqueiro aprendí mucho sobre la trascendencia de esa mirada lectora del escritor. A veces —Hypocrite lecteurmon semblable, mon frère!— solo sirve para imaginar un lugar fronterizo e incierto llamado Vilardevós. De aquí partieron un día, por razones distintas, Silvio Santiago, rumbo a América y ligero de equipaje, y Xoán Tallón, camino de Compostela para estudiar Filosofía. Tallón viajó con una Olivetti Lettera 32 a cuestas y el sueño de ser escritor. Todo lo demás es rewind.

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P. S. El Vilardevós real, ese al que viajaré cuando la lluvia negra del coronavirus escampe, tiene ahora cerca de dos mil vecinos, según leo en el censo más reciente del INE, correspondiente a 2018. La última noticia publicada en la página web del concello es, cómo no, un bando sobre la pandemia. La anterior a esa, fechada el 24 de enero de 2020, resultaba más esperanzadora y también más poética: informaba sobre la campaña de vacunación de los castaños. Ojalá que a esa feliz vacuna contra el «chancro do castiñeiro (Cryphonectria parasitica)», que suena romántica y forestal a ojos de un profano, siga muy pronto otra contra el Covid-19 para que la primavera y la vida vuelvan a florecer como antes.