Jugar a los chinos

Del todo a cien al todo a mil

La economía china crece y se expande por los lugares más insospechados. En esta calle del barrio madrileño de Salamanca coexisten, pared con pared, dos tiendas en apariencia muy distintas: el bazar de los antes llamados “todo a cien”, un chino, con esta exclusiva tienda de productos Apple. A primera vista, esa impresión generalmente engañosa, puede parecer un contraste, un choque visual entre dos modelos de mercado. Nada de eso. Si observamos la escena, incluso sin lupa, encontraremos más afinidades y conexiones entre estos dos escaparates que en una película de James Bond.

Los gatos de la suerte, esos incansables artilugios del brazo arriba y abajo, resultan más asequibles que un iPad, cierto, pero lo más probable es que la tableta y el felino mecánico tengan el mismo origen y compartan manufactura. China es la gran fábrica de los productos Mac, con esos inmensos talleres de los que nos llegan con frecuencia noticias siniestras y alertas de posible explotación laboral. Las paradojas nunca vienen solas. Los chinos, a su vez, han sucumbido a los encantos de la cacharrería firmada con el logo de la manzana. Está bien reciente el espectáculo consumista de las colas formadas allí para adquirir el nuevo iPhone, ansia que terminó en histeria colectiva.

Con un poco de imaginación, no mucha, cabría fantasear con pasadizos secretos entre estas dos tiendas de la calle Castelló de Madrid, túneles por los que circulan y se saludan con naturalidad un MacBook Pro de dos mil euros con un paquete de pinzas de la ropa que, con suerte, no pasa de uno. Sin necesidad de elucubrar, ahí están, como señalaba antes, los escaparates. El de Apple es minimalista, casi diáfano, y juega con aquel falso eslogan según el cual menos es más. Depende para quien. En el chino, por el contrario, la clave reside en vender más por menos. Por eso los carretes de hilos, los santos de escayola y las flores de plástico se disputan hueco en las estanterías, en esos pasillos interminables y abarrotados, ajenos a la taxonomía y teñidos de tenue luz azulada.

Lo más inquietante de la foto, captada por este escribidor y viandante el pasado jueves, tal vez sea ese carrito de la limpieza municipal estacionado en medio de los dos establecimientos, como si no quisiera comprometerse con ninguno ¿Qué espera recoger aquí? ¿Acaso alguien está rodando la segunda parte de Comprar, tirar, comprar?

Mientras salgo de dudas, una confesión: estas líneas están escritas con un MacBook Air de la primera generación, un viejo trasto de hace cuatro años ensamblado en China, según acabo de comprobar en la tapa. La bayeta con la que limpio la pantalla, sin embargo, viene de más cerca (fabricación española), pero con ramificaciones orientales: ha sido adquirida en este chino de la foto. Llegados a este punto, ya no sé si esto que comento es economía sumergida, lección aplicada del haber y el debe para dummies como el que suscribe, o simplemente patología, malestar general con fiebre: la nueva fiebre amarilla.

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