Del Riego y Cunqueiro: ser o no ser

Medio siglo de amistad* y colaboración literaria. Fragmentos de una entrevista inédita** y selección de citas varias.

Entrevista del autor con Fernández del Riego en la Fundación Penzol (Vigo, 25.11.2009).

Termina 2023 y finaliza también el año Francisco Fernández del Riego. Dejo aquí el inicio de mi mínima contribución periodística (Cadernos Ramón Piñeiro, XLVI) a las conmemoraciones organizadas en su memoria. [Texto íntegro en castellano].

Remata 2023 e vaise pechar tamén o ano Francisco Fernández del Riego. Deixo aquí o limiar desta mínima contribución xornalística (Cadernos Ramón Piñeiro, XLVI) ás conmemoracións organizadas na súa lembranza. [Texto completo en galego].

Francisco Fernández del Riego (Vigo, 25.11.2009). © Miguel Somovilla.

Porque poderías chegar a ver que todas as verbas de Hamlet son verdade, ou que todas as verbas de Hamlet son mentira.

Álvaro Cunqueiro, O incerto señor don Hamlet, 1959

As lembranzas e as fantasías atropélanse na mente de Mauro.

Francisco Fernández del Riego, O cego de Pumardedón, 1992

La amistad y la relación profesional de Francisco Fernández del Riego (1913-2010) con Álvaro Cunqueiro Mora (1911-1981), iniciada en su mocedad lucense y compostelana, se mantuvo incólume hasta el final de sus días. Duró, por tanto, medio siglo. Un tiempo de complicidad y admiración mutua, de profundo respeto, pese a sus divergencias ideológicas y existenciales. Fue la suya una andadura apasionante, que culminó al remate de las horas pasadas en compañía a la vera de las «ondas do mar de Vigo», con muchas ilusiones compartidas y algunas decepciones personales que también les afectaron a los dos. Vigo fue el puerto al que arribaron ambos en momentos muy distintos: Fernández del Riego en 1939, dispuesto a sobrevivir —casi clandestino— tras la guerra civil, y Cunqueiro en 1961, cuando era ya un autor reconocido, dentro y fuera de Galicia, y había superado los peores momentos de su ostracismo mindoniense, iniciado tras su regreso a la ciudad episcopal en 1947.

Los dos soñaron con tesoros nuevos y viejos. Marineros nostálgicos —con la esperanza de Ulises y la morriña de Sinbad—, corretearon de niños por las playas de Foz, en el Cantábrico lucense, descubiertas en los soleados y felices días de la infancia. En la vejez, notablemente más larga en el caso de don Paco —Cunqueiro falleció con solo 69 años—, siguieron con la mirada dirigida hacia las «ondas grandes do mar», las mismas que cantaran Martín Códax y Mendiño, dos de sus trovadores de cabecera. Del Riego y Cunqueiro fueron en cierto sentido complementarios, al modo machadiano: cara y cruz. Se comprende mejor la profunda, persistente y romántica «idea de Galicia» de Fernández del Riego si uno se sumerge en la literatura envolvente —local y universal al mismo tiempo— de Cunqueiro. Una obra deudora, a su vez, de los apoyos y empeños de Fernández del Riego en las horas bajas del escritor de Mondoñedo: «Vencendo a súa teimosía de se mergullar nun mundo de escepticismo e de soedade, animeino, tamén eu cismante, para que escribise prosa en galego. Foi mesmamente polo meu petarreo, que se decidira a facer narrativa na lingua natal. Xurdiron así, de a pouco, os folios cos que compuxo o libro Merlín e familia» (1990: 255).

Todas las monografías y semblanzas biográficas aparecidas hasta la fecha destacan la trascendencia de esta relación y la analizan desde distintas perspectivas. Las decenas de cartas intercambiadas, los libros de memorias escritos por Fernández del Riego —O río do tempo (1990), A xeración Galaxia (1996) y Camiño andado (2003)— y su ensayo sobre el autor mindoniense —Álvaro Cunqueiro e o seu mundo (1991)— reflejan parte de esas vivencias. También las recientes biografías publicadas por Ramón Nicolás, Héctor Cajaraville y Malores Villanueva corroboran, entre otros trabajos y reseñas, la importancia de esta amistad. Un afecto y un reconocimiento de los que Cunqueiro dejó asimismo constancia en dedicatorias, prólogos, artículos y epistolarios, como el recopilado por Dolores Vilavedra en Cartas ao meu amigo (2003). Por no hacer la lista demasiado prolija, dejo tan solo un último botón de muestra: «As frases de maior gavanza e gratitude que lle oín a Cunqueiro cara a unha persoa tiñan por destinatarios a Francisco Fernández del Riego e a Alberto Casal», cuenta José Francisco Armesto Faginas (1987: 178) en su imprescindible biografía de Cunqueiro.

Artículo completo en castellano

Artigo completo en galego

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Número de Cadernos Ramón Piñleiro dedicado a Fernández del Riego

*Estas líneas proceden del inicio de un texto aparecido en mayo de 2023 en Cadernos Ramón Piñeiro (XLVI, páginas 231-253). Su traducción al gallego estuvo a cargo de los editores de la revista, a quienes agradezco su trabajo y la invitación a colaborar en este número monográfico, titulado Francisco Fernández del Riego no río do tempo. La publicación, enmarcada en el Día das Letras Galegas dedicado a Del Riego, se presentó oficialmente el 28 de diciembre de 2023 en Lourenzá (Lugo), villa natal del escritor homenajeado.

**Los fragmentos recuperados aquí proceden de la entrevista inédita —salvo algunas menciones breves adelantadas en publicaciones anteriores— grabada por el autor de este texto, el 25 de noviembre de 2009, con Francisco Fernández del Riego. La conversación, que duró media hora, tuvo lugar en la Fundación Penzol de Vigo y su destino inicial era una tesis doctoral que, lamentablemente, no llegué a culminar. El resto de los testimonios, recogidos de aquí y de allá y debidamente documentados, complementan esas declaraciones de Fernández del Riego y nos aproximan a los momentos más significativos «dunha amistade vella e longa. (…) Dil [de Cunqueiro] escoitéi as primeiras palabras vivas que fixeron conscente o meu instintivo sentimento de galeguidade» (Fernández del Riego, 1964: 99-101).


Señales de humo

En pocas crónicas se reseña hoy que un poemario de 1972, publicado en León bajo el título Señales de humo, fue el primer libro de Luis Mateo Díez, premiado muy justamente ayer con el Cervantes. Esta distinción literaria pudo ser la noticia día en España, al menos por un rato, pero no ocurrió del todo así. A la misma hora en que Luis Mateo agradecía feliz el galardón ante los periodistas, otros (malos) humos ensombrecían la noche madrileña. Ruido y furia que crecen al amparo de una derecha antigua y antidemocrática, empeñada en despreciar las instituciones y el orden constitucional, aunque (paradojas) sus airadas huestes griten y proclamen su nombre en vano. Nada nuevo.

«Me angustia vivir en un mundo demasiado invadido por la actualidad», decía Luis Mateo en una entrevista aparecida en 2019. Esa sensación, el agobio por el exceso de «noticias», aumenta cada día, pero no es el acabose. Hubo tiempos bastantes peores.

En Señales de humo, el ahora premio Cervantes balbucea su credo literario, el que vislumbraba con solo 29 años. El autor, ya en sus inicios, buscaba la «identificación de mundo real y mundo poético a través de una tonalidad irónica». Y ahí sigue, con el mismo empeño, entre sus vecinos del reino de Celama, entre sus lectores, entre los «héroes del fracaso».

No siempre el humo advierte mal presagio ni aviso de fuego destructor. A veces cumple misiones menos trágicas y nada dañinas: acompaña en silencio la luz esperanzadora de una vela, el calor de un tronco en la chimenea. Las Señales de humo de Luis Mateo Díez únicamente fueron el anticipo de una brillante carrera literaria, de una escritura lenta, pero constante y prolífica, que nos cuenta cómo fuimos para entender mejor cómo somos. El primer peldaño de una obra extensa y, por suerte, aún inacabada.

Sin acidez

Según Paco Ignacio Taibo, la lata es «el féretro» de la fabada.

«Disfruta de Asturias sin acidez», sugiere el último y polémico reclamo comercial de los fabricantes de Almax. En Asturias, cuna del buen humor, somos muy propensos a indignarnos si alguien bromea con las esencias patrias. Por un aforismo desafortunado sobre la Virgen de Covadonga, publicado en Los Cuadernos del Norte (número 15, 1982), Camilo José Cela (que parafraseaba un comentario sobre el tamaño de La Santina recogido de oídas) fue declarado persona non grata por el ayuntamiento de Cangas de Onís. La condena sigue vigente, según creo.

Leo desde ayer que dirigentes de asociaciones y entidades varias, incluido el presidente Adrián Barbón, piden que se retire, por peyorativo y perjudicial, este cartel publicitario de Almax. A ver: creo que tampocu ye pa ponese así. Con la única autoridad que me confiere haber cocinado y comido unas cuantas fabadas en esta vida, y aunque ahora mi estómago me impida seguir con la práctica, creo que resulta excesivo pedir la eliminación del anuncio. Si algo propicia la liturgia de la fabada es el ambiente de tolerancia y el disfrute general que la rodea.

La primera edición del Breviario de Taibo es de 1981.

Recomiendo vivamente la lectura del Breviario que el gran Paco Ignacio Taibo I escribió en su día (José Esteban, Editor, 1981), una pequeña joya literaria y gastronómica. Y también animo a comer fabada y arroz con leche a quien tenga la suerte (y la salud) de permitirse ese gran manjar. Que luego se tome bicarbonato, sal de frutas o Almax ya es asunto de cada cual. Yo soy, o era, contrario a esos paliativos para la posible pesadez. A lo hecho, pecho: «… desapruebo totalmente a quienes después de la fabada y el arroz con leche se toman un té de Ceilán o una infusión de manzanilla», señalaba Paco Ignacio Taibo en su delicioso tratado. En resumen, y sin acidez: más fabada y menos censura.

P. S. Pues al final han triunfado las presiones censoras: Almax ha retirado la campaña sobre la fabada y la acidez estomacal. Las marcas «serias» son conservadoras y huyen de las polémicas.
Termina así esta efímera, inofensiva y eficaz iniciativa publicitaria que, tal vez sin pretenderlo, les ha salido redonda a los laboratorios farmacéuticos. El guiño comercial ha «pinchado» en los escaparates, pero ahora Almax se hinchará (con perdón) a vender mejor sus antiácidos en las boticas. Buena parte del éxito (efecto Barbra Streisand) se lo deben a las quejas de esos puntillosos hosteleros y cofrades, escrupulosos guardianes de la ortodoxia astur.