«Despertar» era un sueño

En lembranza de Marieta Piqueras (1942-2018), que me fixo un galano —a guía de Foz de Suso do Bahía— cando eu empezara a ir pola Mariña luguesa, hai xa unha ducia de anos.

Casa natal de Francisco Calvo Jarrín, en Foz (Lugo).

Casa natal de Francisco Calvo Jarrín, en Foz (Lugo).

He visto casas así, puro esqueleto desvencijado, en el Viejo San Juan y en Ciudad de Panamá. En Madrid y en Barcelona. En Asturias y en las Castillas. También en Galicia, un país tan rico en patrimonio arquitectónico y artístico como descuidado en su conservación, salvadas las llamadas honrosas —y obligadas— excepciones. Según leo hoy mismo en La Voz de Galicia, la Xunta intenta poner remedio administrativo a este derrumbe de la memoria mediante una ley protectora: un programa contra la ruina y el abandono denominado Rexurbe cuya entrada en vigor está prevista para 2019. Ojalá llegue a tiempo de parar la destrucción y la desidia, de detener el olvido.

Detrás de los cristales rotos y de la desnudez de las vigas siempre hay una historia, muchos años de esperanzas desvanecidas, viajes interrumpidos. En el número 19 de la calle Paco Maañón de Foz, en el centro de esta villa lucense campeona en desmanes urbanísticos, se mantiene milagrosamente en pie un edificio en el que, hasta finales del siglo XX, había una tienda de golosinas, Casa Kiko. Sobre la maltrecha fachada aún quedan algunos vestigios de aquella actividad expendedora de chicles, pipas y piruletas. En un extremo, casi mimetizada con los huecos de las paredes, puede verse una placa conmemorativa colocada en 2005 por iniciativa ciudadana.

Casa natal de Francisco Calvo Jarrín en Foz (Lugo).

La placa conmemorativa, a la derecha, fue colocada en 2005.

La revista «Despertar» de Foz se imprimía en Ribadeo y solo se publicó desde abril hasta julio de 1936.

Las ruinas siempre dejan huellas, memoria de lo que fueron.

La placa recuerda que aquí nació el maestro Francisco Calvo Jarrín (1911-1966), de quien no he podido averiguar demasiado, más allá de que fue discípulo de otro docente innovador y progresista, muy vinculado a la historia de Foz, Ramón Salgado Toimil, según recoge El Pueblo Gallego en su edición del 6 de de octubre de 1928. El periódico anuncia en un breve la graduación del joven maestro, hijo de Elvira, comerciante focense.

Tampoco he logrado hojear ninguno de los ejemplares de Despertar, impreso en los talleres Etelvino Méndez de Ribadeo y dirigido por Francisco Calvo Jarrín. Deduzco, a juzgar por su periodicidad, que apenas superó una quincena de números a lo largo de su efímera existencia. Ni en Galiciana ni en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España he visto rastro de esta publicación. En su libro A prensa en Lugo, dous séculos de historia (1997), Mari Paz Teijeira Fanego y María de la Torre Rioyo sí dan cuenta del semanario, «portavoz de un grupo de jóvenes  constituidos en comité llamado de salud pública, que teniendo ansias de renovación de la vida política de nuestro pueblo, acometen la quijotesca obra de redimirlo de caciques y de la apatía que aquel pone en el ejercicio de sus derechos y de deberes cívicos».

Entre los colaboradores de Despertar, además del propio director y del citado Salgado Toimil, estaban —según las autoras de A prensa en Lugo…Antonio Noriega Varela, Cándido Fanego y Francisco Maañón. Este ultimo, que fue alcalde Foz entre 1945 y 1952, da nombre en la actualidad a la calle en que están ubicados los restos de la casa natal de Calvo Jarrín.

El estallido de la guerra civil acabó definitivamente con los desafíos y aspiraciones de Despertar: «Dada a época en que se publicóu, son constantes as referencias a un dos temas centrais na política galega daqueles días: o Estatuto. Despertar expresa a súa postura a prol da autonomía para Galicia», señalan Mari Paz Teijeira Fanego y María de la Torre Rioyo.

La placa conmemorativa se puso el 18 de junio de 2005, coincidiendo con la entrega de los Premios Manuel María, cuando era alcalde de Foz José María García Rivera y concejal de cultura Xaime Cancio, ambos miembros entonces del PSdG-PSOE y después enfrentados políticamente.

Despertar no fue ni el primero ni el último periódico publicado en Foz. Antes que el semanario dirigido por Francisco Calvo Jarrín habían aparecido El automóvil (1903) y ¡Guau… Guau! (1906). Este semanario satírico, que logró notable popularidad, estaba promovido por Antonio Noriega Varela, Antón Vilar Ponte y Camilo Cela, padre del novelista y Premio Nobel de Literatura. Ya en 1962 salió A Rapadoira («Al servicio de un Foz mejor»), bajo la dirección de Suso Fernández, impulsor también, en 1986, de Rompeolas, órgano del Club Naútico. A Suso Fernández, fundador de la Librería Bahía y autor de la guía sobre Foz publicada por Everest en 1991 a la que aludo al inicio de estas líneas, se debe asimismo la efímera recuperación de la cabecera Despertar en 1996, en esta ocasión como revista de la Asociación de Comerciantes, Industriais e Autónomos de Foz.

En su estudio de la prensa lucense, las mencionadas Mari Paz Teijeira Fanego y María de la Torre Rioyo citan otras dos publicaciones periódicas en Foz: una en la década de los setenta, Amencer, y otra en los años noventa, O Cadaleito, ambas de carácter crítico y reivindicativo.

Kiko interior 2

Interior de las ruinas de la casa natal de Francisco Calvo Jarrín.

No hay peor enemigo de la memoria que la nostalgia, estado de ánimo que en Galicia tiene una variante propia y compleja, muy bien analizada por Ramón Piñeiro: a saudade. En casos así, en vez de dejarse enredar por la melancolía y la derrota, siempre conviene sugerir y desear algo de acción, actitud menos romántica, pero más práctica. Por ejemplo: sería conveniente, y muy poco costoso, que las colecciones de estos humildes periódicos estuvieran digitalizadas y disponibles en alguna web, pública o privada, relacionada con la historia de Foz y de la comarca de A Mariña. Solo de ¡Guau… Guau! existe edición facsimilar en papel, auspiciada en 2006 por la Xunta de Galicia, pero difícil de encontrar.

Por fortuna, la letra impresa —tan necesaria en tiempos de adanismo y desorientación general— resulta más sencilla de recuperar y de mantener que la estructura de los edificios. Las páginas resisten mejor que los pilares. Adentrarse en ellas, pasear la mirada entre sueltos y anuncios varios, supone devolver la palabra, que es la vida, a quienes languidecen entre las fechas inertes y frías de una lápida casi invisible. Mientras no sepa algo más —todo llegará— de Francisco Calvo Jarrín, aquel joven maestro republicano de Foz, prefiero imaginar que tuvo un sueño: Despertar.

P. S.

Tras publicar estas notas, Tamara Miranda Blanco (sobrina nieta de Francisco Calvo Jarrín e hija de Francisco Ubaldo Miranda Calvo, Kiko) se ha puesto en contacto conmigo para ofrecerme más documentación sobre sus antepasados. Agradezco mucho su gesto y generosidad.

Cuando disponga de esa información, la compartiré aquí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s