El año del cometa

Esta historia debía comenzar como las viejas crónicas, con el relato de la creación del mundo. Pero comienza con la muerte de un hombre.

Álvaro Cunqueiro, El año del cometa y la batalla de los cuatro reyes, Destino, 1974.

...dalle que tumba ao seu pasado, dalle que tumba ao seu medo. Este morto é inconsistente, non hai máis que ver como treme, como se desespera.

Rexina Vega, O estado intermedio, Galaxia, 2020.

En la lluviosa tarde del domingo 1 de marzo de 1981, casi a la misma hora en que se celebraba el sepelio de Cunqueiro en Mondoñedo (Lugo), Amancio Prada cantaba en Arzúa (A Coruña) unos versos de Cantiga nova que se chama riveira, poemario de don Álvaro publicado en 1933. La despedida en Mondoñedo fue sobria y triste, cuentan las crónicas. En el adiós de Arzúa, en medio de un paisaje de queso y miel, la pena se diluyó con música.

Yo era entonces redactor de La Voz de Galicia* en la delegación de Santiago de Compostela y dejé constancia de aquel homenaje póstumo y festivo en dos textos aparecidos en el periódico del martes, 3 de marzo, porque aún no salía el diario los lunes. La noticia publicada en las páginas de Galicia era puramente informativa: «Vendidos 30.000 quesos por un total de 12 millones de pesetas en la VI Festa de Arzúa». En la edición de Santiago me puse algo más lírico y empecé el relato con la actuación de Amancio Prada: «Arzúa: música e queixos pasados por auga».

Yo, plumilla en ciernes, desconocía en esa época que Cunqueiro había escrito sobre el mercado de Arzúa en los años sesenta del pasado siglo. Lo hizo (Faro de Vigo, 23 de octubre de 1962) cuando iba de peregrino a Santiago y se detuvo en la villa coruñesa, rica en aguas, como Mondoñedo, y tierra de excelentes y afamados quesos. Cunqueiro compró unas nueces y se recreó con los aromas de la feria, mientras pensaba en los caminantes de antaño: «Acaso también ellos se sentarían en estas largas mesas de pino blanqueado por los fregoteos de lejía a comer el pulpo y a cortar pan trigal. Huele a pan fresco la pila de las rotundas hogazas».

Hoy domingo, en su Mondoñedo natal, y la semana que viene en la Universidad de Vigo, se conmemora el cuadragésimo aniversario de la muerte de Álvaro Cunqueiro (1911-1981). De todo lo escrito sobre el día de su entierro en la ciudad episcopal, que fue mucho y bueno, creo que la crónica más memorable se debe al periodista Francisco Carantoña, publicada en Los Cuadernos del Norte. Cuando preparé mi antología periodística sobre don Álvaro —Al pasar de los años, Fundación Castro, 2020— siempre tuve claro que quería incluir un epílogo con dos o tres textos escritos por distintos colegas y amigos del autor de Merlín e familia, entre ellos este cálido y sentido obituario de Carantoña. Cuando lo seleccioné solo estaba disponible en las hemerotecas convencionales, pero ahora ya se puede consultar electrónicamente en el Centro Virtual Cervantes: «El día que enterramos a Cunqueiro».

Los Cuadernos del Norte, creados y dirigidos por el gran Juan Cueto Alas, recogieron en sus páginas varios trabajos del propio Cunqueiro y algunos comentarios sobre él y sus libros. Destacan especialmente los de José Doval y José Díaz Jácome. Todos ellos se pueden consultar en la Red.

Juan Cueto fue también el autor de otro artículo brillante, aparecido en El País el 27 de febrero de 1982 y galardonado posteriormente con el Premio César González Ruano de periodismo: «Mondoñedo no existe».

Cuarenta años después de su muerte, se ha estudiado por arriba y por abajo, del derecho y del revés, la obra de Cunqueiro y se ha repetido mil veces la frase de su epitafio, sugerido por él mismo unos meses antes de fallecer: «Eiquí xaz alguén que coa sua obra fixo que Galicia durase mil primaveras máis». Sin embargo, aún queda bastante por descubrir y por leer, a la espera de la edición de unas deseables obras completas, que solo podrá acometer con solvencia —y en un tiempo razonable— un equipo de especialistas con apoyo institucional. Don Álvaro y su literatura en gallego y en castellano, que ha sobrevivido con lozanía al paso del tiempo, bien se lo merecen. Un precioso y tal vez obligado reto para las universidades públicas gallegas.

Una de las grandes estudiosas de la obra de don Álvaro, Rexina Rodríguez Vega, recibe hoy en Mondoñedo una merecida distinción, la de cunqueiriana de honra. Estos días, cuando leía su sobrecogedora y muy recomendable novela O estado intermedio, sonreí al toparme con un personaje, «o mono da pluma na pucha», que me recordó, pese a las diferencias y los distintos contextos, al «cabaleiro da pruma na gorra», amigo de don Álvaro —Dona do corpo delgado, 1950— convertido también en canción por Amancio Prada.

La novela de Rexina plantea un recorrido inquietante por los caminos de la vida y de la muerte, del éxito y el fracaso de nuestras frágiles existencias. Estamos en el año de Dante, tantas veces mencionado por Cunqueiro para prevenirnos del mal futuro de los tristes. Es muy conocida la respuesta del autor de As crónicas do sochantre —esa delirante caravana de muertos deambulantes— ante quienes le tildaban de escritor escapista y sin compromiso: «Yo no me evado ni ayudo a nadie a evadirse: me enfrento, simplemente, con los tristes, porque creo que la tristeza traiciona la condición humana. Dante encontró a los tristes en el Infierno», escribió en Faro de Vigo el 29 de mayo de 1963.

Cunqueiro, como es vox pópuli, era muy entendido en demonios y en asuntos del más allá. Aunque solo sea por no acabar entre llamas, a quienes ya lucimos sienes plateadas más nos vale mantener el tipo y poner siempre buena cara, pese a las circunstancias: «La tristeza es una lujo que solo se pueden permitir los jóvenes», solía repetir don Álvaro.

Dentro de unas horas, en Mondoñedo, se cumplirá con el ritual de leer colectivamente un libro de Cunqueiro. En este año de pandemia y mascarillas, en este tiempo de incertidumbre, le toca el turno a su última novela, El año del cometa y la batalla de los cuatro reyes. Y será Rexina Vega la encargada de iniciar esa lectura:

Esta historia debía comenzar como las viejas crónicas, con el relato de la creación del mundo. Pero comienza con la muerte de un hombre…

—Un extranjero seguramente…

—Esos pantalones rojos se llevan en Levante…

*Hoxe, La Voz de Galicia ocúpase das últimas publicacións aparecidas en torno á obra literaria de Álvaro Cunqueiro.

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