Mi año Cunqueiro

Eu nascín / —entre as zocas e os lóstregos / na mitad da noitecorenta e sete días despóis do primeiro aroplano.

Álvaro Cunqueiro, Poemas do si e non, 1933.

Imagen de «O labirinto do Imperio Secreto», de Álvaro Cunqueiro, publicación auspiciada por la Casa-Museo de Mondoñedo (Lugo).

La estación favorita de Cunqueiro siempre fue el otoño. El calendario marcó hace unas horas su final para dar paso a la entrada del invierno. Sin embargo, el frío apenas se nota por Mondoñedo estos días, según compruebo desde la lejanía, a quinientos kilómetros de distancia. Las previsiones meteorológicas indican que hoy martes habrá temperaturas suaves, casi primaverales, en la antigua Vallibria, con máximas de dieciocho grados y mínimas de trece. El tiempo, y los tiempos, están cambiando. No hay relámpagos en medio de la noche ni monotonía de lluvia tras los cristales del Hotel Montero, así que echo mano del archivo para evocar gotas y aguaceros de antaño.

El valle mindoniense entrevisto desde el Hotel Montero en un día de lluvia.

Hoy, 22 de diciembre, se conmemora en Mondoñedo el nacimiento del escritor Álvaro Cunqueiro Mora (1911-1981). La corporación municipal, como hace cada año desde el fallecimiento del autor de Merlín e familia, hará una ofrenda floral ante su tumba —salvo impedimentos de última hora—, en el cementerio viejo de la ciudad episcopal. Es un nicho humilde y sobrio, casi a ras de tierra, que con el tiempo se ha convertido en un lugar muy visitado por los seguidores del escritor. En la blanca lápida puede leerse el epitafio insinuado por el propio Cunqueiro unos meses antes de morir: «Aquí xaz alguén que coa súa obra fixo que Galicia durase mil primaveras máis».

Cubiertas de mis dos libros sobre Cunqueiro publicados en 2020.

Con motivo de la celebración de este natalicio, hace ya ciento nueve años, con fecha de hoy ha salido de imprenta, en Compostela, O laberinto do Imperio Secreto, una selección de veinte artículos de Cunqueiro (en castellano) que he tenido la suerte de elegir, editar y prologar.

La lectura y el estudio de la obra de Álvaro Cunqueiro me acompaña desde hace unos cuantos lustros, pero en este aciago 2020 que ahora termina, y con tanta incertidumbre aún, su cercanía y su presencia han sido incluso mayores. El 7 de marzo pasado, muy pocos días antes de que se declarara oficialmente en España la pandemia del Covid-19 —un nombre bien poco poético, por cierto, incluso para un virus— tuve el honor de presentar en Mondoñedo mi antología periodística de Cunqueiro, publicada por la Biblioteca Castro bajo el título Al pasar de los años. Por razones obvias, las posteriores puestas de largo de la obra, previstas en distintos lugares de Galicia, quedaron aplazadas sin fecha.

En los primeros días de reclusión obligada, con la mente puesta en la insólita situación que nos ha tocado vivir, me propuse poner cierta distancia con la obra de don Álvaro, tras dedicar todo 2019 a la preparación —muy grata, pero intensa— de la citada antología. Este alejamiento voluntario, una especie de ayuno literario cunqueiriano, duró poco tiempo. Por influencia del propio Cunqueiro, a quien nunca se lee en vano, volví a los Diarios de Samuel Pepys, a sus crudos relatos sobre la peste que azotó el Reino Unido en 1665. Y recalé en la recreación que hizo de esa misma epidemia Daniel Defoe años después, en su Diario del año de la peste (1722). También me acerqué a los Ensayos de Montaigne, otro de los autores favoritos de Cunqueiro, quien vivió de cerca los estragos de la enfermedad en Burdeos, allá por 1585.

Semanas después, primero por sugerencia de César Cunqueiro —primogénito de nuestro autor— y después por encargo del profesor y amigo Armando Requeixo, afronté la grata tarea de recopilar y editar la serie de artículos dedicada por don Álvaro al Imperio Secreto, una de sus creaciones periodísticas más enigmáticas y singulares.

Primer artículo de Cunqueiro sobre el Imperio Secreto (La Noche, 10.12.1959).

Este nuevo volumen, impreso el 22 de diciembre de 2020 para conmemorar el natalicio del gran escritor mindoniense, aparece bajo el título O labirinto do Impero Secreto. Se trata de una antología de veinte artículos en castellano, publicados en distintos medios entre 1959 y 1976. A través de estos textos, el autor recrea una sociedad imaginaria, distópica, cuyos ciudadanos habitan un supuesto Imperio Secreto regido por sucesivas dinastías de gobernantes. Estos mandatarios, auxiliados por consejeros poéticos y cantores del otoño, cuentan con el apoyo de distintos organismos y departamentos: el Consejo de Azar, la Cancillería Imperial de Granos y la Cámara de Ajedrez entre ellos. Su capital, temporal e «invisible», está situada en el santuario lucense de Santa María do Cebreiro, una referencia obligada de la ruta jacobea.

El primer artículo de la serie dedicada al Imperio Secreto, cuya totalidad no supera la treintena de textos, fue tecleado por Cunqueiro en Mondoñedo, en la vieja máquina Smith Premier, heredada de su padre. Se publicó en el desaparecido diario La Noche de Santiago de Compostela el 10 de diciembre de 1959, bajo el título «El Imperio Secreto y los esclavos». El asunto, según relata el propio Cunqueiro, está inspirado en un propos (breve comentario) del filósofo Émile-Auguste Chartier (Alain) en la Nouvelle Revue Française, recogido en el número correspondiente a noviembre de 1929.

Desde entonces, y con algunas intermitencias, Cunqueiro no dejó de darle vueltas a su Imperio Secreto hasta mediados de los años setenta. La última columna relacionada con esta serie, «Elecciones en el Imperio Secreto», vio la luz el 11 de febrero de 1976 en la revista Sábado Gráfico.

Portada y último artículo sobre el Imperio Secreto (Sábado Gráfico, 11.2.1976).

El Imperio Secreto le sirvió a Cunqueiro como refugio y lugar de observación. Desde esta trinchera imaginaria pudo opinar e ironizar sin cortapisas sobre cuestiones muy diversas. Y lo hizo en un país real, España, en donde alguno de los asuntos planteados en esos artículos —xenofobia, racismo, tecnocracia, elecciones, espionaje, desigualdad, censura— eran todavía auténticos tabúes. Aun así, constatar tales evidencias no permite inferir con seguridad si Cunqueiro —cuyas explicaciones sobre los propósitos de la serie fueron escasas y tangenciales— pretendió ejercer determinada crítica social y política con el Imperio Secreto o solo lo escribió como pasatiempo y ejercicio literario. Ambas posibilidades parecen verosímiles y no son necesariamente contradictorias ni excluyentes.

Esta veintena de columnas del Imperio Secreto constituye una muestra ínfima, pero muy representativa, del periodismo cunqueiriano, esencial en el conjunto de su obra literaria. Los artículos de Cunqueiro publicados en periódicos y revistas a lo largo de medio siglo pueden leerse —suele decirlo su hijo César— como «un inmenso diario» elaborado por don Álvaro entre 1930 y 1981.

En ese diario, en esos miles de artículos escritos por Álvaro Cunqueiro, siempre hay una ventana abierta a la esperanza. Por eso, en el Imperio Secreto cunqueiriano, «los mandarines pedían a los súbditos que se aferrasen a sus sueños, y acariciasen en sus corazones la ilusión de días alegres y luminosos. De los fondos imperiales se pagaba una secta que sostenía que la Edad de Oro, cantada por los poetas antiguos y explicada por Don Quijote a los pastores, todavía no había acontecido».

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