Luto en Sargadelos: adiós a Isaac Díaz Pardo

Tarro de cerámica Sargadelos
Tarro de cerámica de Sargadelos

Esta mañana, víspera de Reyes, los periódicos han anunciado la muerte de Isaac Díaz Pardo, artista, intelectual y agitador cultural gallego (y galleguista) al que se debe, entre otras muchas iniciativas, el renacimiento de la fábrica de cerámica Sargadelos. Hace tan solo unos días, en el escaparate de una tienda Mondoñedo, volví a ver, por segundo año consecutivo, un belén hecho con esas figurillas de estilo inconfundible; un nacimiento en el que no faltaban, a escala reducida, los tres reyes que desfilan hoy por las calles de España. Por desgracia, era una edición no venal, imposible de adquirir.

Las relaciones de Díaz Pardo con sus antiguos socios de Sargadelos acabaron mal en los últimos años de su vida, pero ese triste final no impedirá que su figura quede para siempre asociada al relanzamiento de esa gran alfarería situada en el municipio lucense de O Cervo. Una factoría dedicada asimismo a las actividades culturales, con sedes en distintos lugares de España.

La alegre cerámica de Sargadelos, en sus múltiples manifestaciones, me acompaña desde hace años. Tengo una colección completa de búhos (y otros pájaros de la noche), varias jarras de cerveza, algunas tazas de café, el pequeño busto que simboliza la república española, un fotógrafo ambulante [del que escribí aquí hace unos días], las máscaras de carnaval… y este modesto tarro para colocar lápices y bolígrafos. Hoy, tras recibir la noticia, lo he colocado junto a la ventana y ha quedado esta imagen de marrones y azules que me recuerdan la calidez, también la melancolía, de los colores de Galicia. Descanse en paz.

Notas al pie

cropped-piesdepagina.jpgSiempre creí más en el poder de la palabra que en el valor de la imagen. Antes de la era digital, en los felices tiempos (es un decir) de la Galaxia Gutenberg, escribir pies de foto en los medios impresos era todo un arte que se encomendaba en las redacciones a los plumillas más avezados. Hay cientos de ejemplos, pero, en este final del año Cunqueiro, parece obligado subrayar los que escribía don Álvaro en Faro de Vigo: magistrales, literatura de primera calidad.

Uno de sus amigos más cercanos en la etapa en que Cunqueiro dirigió el Faro, diario decano de la prensa española, Xosé Luis Franco Grande, me comentó en cierta ocasión la conveniencia de rescatar aquellos textos efímeros. Unos pies de foto sin firma, pero fácilmente atribuibles al autor de Merlín e familia por su estilo inconfundible. A lo largo de este año que termina he sugerido humildemente en distintos sitios la necesidad de recopilar, analizar, estudiar y publicar la ingente obra periodística de Álvaro Cunqueiro, tan dispersa. No ha sido posible por ahora. Si algún día se hace, que se hará, espero que no falte una mano amorosa que rescate de la hemeroteca aquellos comentarios de apariencia sencilla, anónimos, que daban nueva vida a una ilustración, a una foto del día que ganaba generalmente mucho con la seductora prosa cunqueiriana.

Este blog, ínfimo grano de arena en medio del torbellino electrónico, nace con el humilde propósito de sumarse a esa legión de redactores desconocidos que escribieron pies de foto, o lo que fuera menester, en las frías madrugadas del periodismo español. Pienso también en los actuales, en esos colegas que hacen posible las dos punto cero con salarios cero punto dos, obligados a llenar decenas de galerías de imágenes digitales sin tiempo para el lirismo ni las florituras, víctimas de la cantidad y de las urgencias.

Solo unas líneas más —demasiadas ya tratándose de pies de foto— para explicar que la imagen que ilustra este blog fue tomada por el abajofirmante (arriba en este caso) en el Canal de Panamá hace unas semanas. La tuiteé en su día y hoy, editada según las exigencias de formato de este blog, la rescato aquí por una serie de azares y felices coincidencias.

Necesaria aclaración final: a pesar de mi boutade del comienzo, esa primera línea en la que vengo a decir con tanta originalidad que una palabra vale más que mil imágenes (lo cual es cierto muchas veces), proclamo sin ambigüedad mi interés  por la fotografía. Y mi profunda admiración, incluso envidia, por quienes son capaces de retener y recrear la vida en una instante. Dicho sea en memoria de Nicolás Muller, uno de aquellos grandes de la cámara, a quien tuve la suerte de tratar y conocer.